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El 16 de abril de 2018 Kendrick Lamar Duckworth fue el primer músico por fuera del jazz y la música académica en recibir el Premio Pultizer a la Música por Damn. 53 años antes Duke Ellington fue rechazado como ganador del mismo premio, impidiendo el primer afroamericano en obtener un Pulitzer.

En aquel momento el historiador Nar Hentoff aseguró que el jazzista dijo: “Me sorprende que mi estilo de música está aún sin, digámoslo, honores oficiales en casa. Muchos norteamericanos todavía asumen que la música europea, la clásica si le quieres decir así, es la única respetable”. Aquel 16 de abril Kendrick diría: “Es una de esas cosas que deberían haber sucedido con el hip-hop hace mucho tiempo. A la gente le tomó mucho tiempo abrazarnos, personas fuera de nuestra comunidad, nuestra cultura para ver esto no solo como letras vocales, sino para ver que esto es realmente doloroso, estas son historias reales de nuestra vida”. Hoy celebramos a este artista que no para de hacer historia y que, en solo cuatro discos, le dio otra magnitud al hip hop. Kendrick Lamar es un maldito genio y a días de su noche en los Premios Oscar, donde está nominado e interpret.

MC, productor, compositor, trendsetter y poeta del apocalipsis, el señor Duckworth nació en las entrañas de Compton, California el 17 de junio de 1987. Cuando era apenas un adolescente se hizo un nombre en las batallas de MCs con el seudónimo K-Dot. En 2010 su remix Overly Dedicated llamó la atención del mercado y al año siguiente su debut discográfico, Section.80, lo encumbró y rápidamente empezó a colaborar con leyendas como Snoop Dogg, Busta Rhymes, Kanye West, entre otros. En 2012 llegaría Good Kid, M.A.A.D City de la mano de Aftermath, Interscope y TDE y una tropa legendaria de productores: Dr. Dre, Pharrell Williams, T-Minus, Just Blaze, Hit-Boy, Jack Splash y Scoop DeVille. El tema “Sing About Me, I’m Dying of Thirst” hablaba de eso que dijo cuando recibió el Pultizer: para Kendrick su arte es la catarsis para procesar su sufrimiento y el de su comunidad. El mundo recibía conmovido la honestidad brutal del rap 4.0. No más bling bling, era hora de ser conscientes.

El 15 de marzo de 2015 saldría a la luz To Pimp a Butterfly y Kendrick alcanzaba el olimpo. En apenas tres discos se convertía en el rapero más importante de nuestro tiempo y en el artista integral más reconocido de la industria. Número 1 en Billboard en su primera semana; un millón de discos vendidos en Estados Unidos; puntajes perfectos en Spin, AllMusic, Rolling Stone; el disco se convirtió en una influencia para Blackstar¸ el último testamento sonoro de David Bowie. Allí se encontraba “Allright”, el himno del movimiento Black Lives Matter y la muestra de la universalidad de Kendrick y la profunda conexión de su música con el estado actual de las cosas. Un profeta.

No pasaron dos años y los 55 minutos de Damn atronaron al planeta. El cuarto y último disco de Kendrick Lamar la descocía de nuevo: otra vez reinaba en Billboard; The Guardian, Pitchfork y NME lo volvían a alabar; llegaría otro Grammy, un histórico Pulitzer, un Juno, un American Music Awards, etc; Rihanna y U2 colaboraron y tres sencillos eternos: “Humble”, “Loyalty” y “Love”. Su canción “All The Stars” junto a SZA para la banda sonora de The Black Panther lo tiene nominado a un Premio Oscar a Mejor Canción Original y lo pondrá en la gala de este domingo 24 de febrero interpretando este hit reivindicativo y universal.

*Comunicado de prensa

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